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Estos Versos
Muchas veces los HIJOS fantaseamos
con verlos aparecer.
Nuestros viejos se nos instalan
a veces en los sueños, en esos en los que
te haces un bollito en la cama y sentís
cómo te abrazan y que te dicen cosas al
oído que no son palabras. Entonces sabés
que están cerquita. Cuando despertás,
seguís hecho un ovillito y abrazás
a la almohada para que no se escapen.
Otras veces los confundimos en
la calle, metamorfoseamos otras caras en las de
ellos para verlos ir a trabajar, o esperar un
micro, o caminar bajo los tilos; porque los queremos
volver a ver, para imaginarlos en una supuesta
rutina cotidiana.
También aparecen de otras
maneras: se filtran en nuestra memoria como cuadros
cubistas compuestos con las cuatro o cinco fotos
que nuestras familias lograron rescatar; en los
gestos que hacemos y sus amigos reconocen en nosotros;
cuando abrazamos a nuestros hijos como ellos lo
hubieran hecho.
Esta vez es Carlos, el papá
de Juan y de Ramón el que aparece en sus
versos. En estos versos que nos cuentan mucho:
el amor a su compañera y mamá de
“los chicos” -como nos llaman nuestros
abuelos-; el compromiso urgente con una realidad
que pedía a gritos un camino de lucha hacia
la liberación de nuestro pueblo; el respeto
a los compañeros; la alegría inmensa
de palpar la vida a través de sus hijos…
Y así, una vez más,
aparecen los desaparecidos. Siempre cuando los
necesitamos y los sentimos vivos caminando a nuestro
lado. Recitando estos versos, que también
hablan de nosotros.
Verónica
Sanchez Viamonte
La Plata Junio de 2007.-
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